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	<title>Carlos Rivas</title>
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		<title>Un Ministerio “colegiado” para la seguridad pública</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 16:32:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: Carlos H. Rivas Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional Varios nombres han sonado como posibles sucesores del Lic. Manuel Melgar, a la cabeza del Ministerio de Seguridad Pública, desde que aquel renunciara el pasado 7 de noviembre a esa cartera; que, como es sabido, es una de las más conflictivas y exigentes, si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Carlos H. Rivas<br />
Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional</p>
<p>Varios nombres han sonado como posibles sucesores del Lic. Manuel Melgar, a la cabeza del Ministerio de Seguridad Pública, desde que aquel renunciara el pasado 7 de noviembre a esa cartera; que, como es sabido, es una de las más conflictivas y exigentes, si no la más exigente e importante, en las actuales condiciones de inseguridad que vivimos.<br />
La propuesta más recurrente es la del Ministro de Defensa, General Munguía Payes, pero es también la más cuestionada, principalmente por el partido gobernante, por ser un militar que de ser nombrado en la Seguridad Pública, contravendría el espíritu de los Acuerdos de Paz. Este partido también ha mencionado públicamente nombres, que ante un gran sector de la población no logran ser convincentes.<br />
Desde nuestra perspectiva, y recogiendo algunas de las opiniones vertidas públicamente por diversos ciudadanos e instituciones, el perfil a buscar del nuevo funcionario debe ser integral, y las exigencias, acordes a la importante y compleja función que desempeñará… ¿Qué condiciones debe cumplir, qué capacidades tener, qué cualidades han de distinguirlo?<br />
Un perfil…<br />
Ante todo, no debe ser un militar o un ex guerrillero, ni tener filiación partidaria; pero debe contar con el respaldo político tanto de los partidos como del movimiento social.<br />
La honestidad y, por consiguiente, la incorruptibilidad, un alto sentido de la justicia y la verdad y principios éticos cristianos, son cualidades que deben regir su conducta; a la vez que debe estar abierto al diálogo y a la relación con todos los sectores de la sociedad, tanto para comprender las causas y resultados del crimen organizado, como para escuchar propuestas de solución.<br />
A esas cualidades, han de aunarse conocimiento, capacidad y profesionalismo, de tal manera que sea un estratega y planificador capaz de hacer que las cosas sucedan, y un articulador de políticas públicas; un intelectual, o por lo menos interesado en la idiosincrasia del salvadoreño, conocedor de las leyes y de los procesos legales, experto en estrategia policial y de seguridad, bajo el conocimiento y el respeto intransigente de los Derechos Humanos.<br />
En fin, el nuevo Ministro de Seguridad Pública, debe ser un líder carismático capaz de transmitir una pasión activa y de comprometerse con la sociedad para enfrentar, a tiempo completo, la violencia, el crimen organizado y el narcotráfico, sin que le tiemblen las manos para ejecutar las acciones que requieren mente fría, sin convertirse en un represor de la población.<br />
¿Dónde encontrar al individuo que ostente este perfil…?<br />
… Y una propuesta<br />
El Poder Ejecutivo debería valorar otras posibilidades de conducción de la cartera de Seguridad Pública, cambiar paradigmas y renovar los métodos administrativos, nombrando a la cabeza del Ministerio en cuestión, no un Ministro, sino un organismo colegiado que asuma colectivamente la gestión de la cartera.<br />
Si bien, esta forma de conducir una entidad pública no es la “normal” ni “tradicional”, sí es lo que la realidad del país parece indicar; porque, si como es la visión generalizada, la solución a nuestro problema de inseguridad no depende de un funcionario, ni siquiera del poder ejecutivo, sino de toda la sociedad; una gestión de seguridad, conducida por representantes de diversos sectores, cuyas características sumen al perfil requerido, puede ser una posibilidad a tomar en cuenta.<br />
La figura de este “ministro colectivo” puede determinarse, ya sea como un Consejo de Ministros de Seguridad en el cual sus componentes gozan todos del rango de Ministros coordinados por uno de ellos, o, para menor complejidad, como un Gabinete de Seguridad Pública, que tenga, eso sí, carácter vinculante y sea el gestor de las políticas públicas de seguridad ciudadana, que el Ministro tendrá que ejecutar.<br />
<a href="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/11/Ministerio-d-Seg.jpg"><img src="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/11/Ministerio-d-Seg.jpg" alt="" title="Ministerio d Seguridad" width="518" height="435" class="aligncenter size-full wp-image-283" /></a></p>
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		<title>CEREMONIA CONMEMORATORIA DEL BICENTENARIO</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Nov 2011 15:45:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Celebramos un acontecimiento de hace 200 años, que anunció el inicio de un proceso de emancipación y una búsqueda de justicia social e identidad propia que aún no concluye. Las jornadas de recuperación de la memoria histórica, tienen una importancia que encuentra eco en las palabras de la sagrada escritura, la Biblia: Deuteronomio 4:9 “Por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Celebramos un acontecimiento de hace 200 años, que anunció el inicio de un proceso de emancipación y una búsqueda de justicia social e identidad propia que aún no concluye.<br />
Las jornadas de recuperación de la memoria histórica, tienen una importancia que encuentra eco en las palabras de la sagrada escritura, la Biblia:<br />
Deuteronomio 4:9<br />
“Por tanto,  guárdate,  y guarda tu alma con diligencia,  para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto,  ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida;  antes bien,  las enseñarás a tus hijos,  y a los hijos de tus hijos.”<br />
Pasado, presente y futuro convergen en esa enseñanza. Y el acontecimiento que nos reúne, independiente de las incertidumbres históricas sobre el mismo, tiene un significado singular, para el momento actual, cuando las y los salvadoreños estamos empeñados en construir un país, en el cual los anhelos de los ciudadanos de aquella época, y los de ahora, se vean reflejados.<br />
Ciertamente, el Bicentenario del Primer Grito, es una excelente oportunidad para hacer un balance de nuestra historia, nuestra democracia, y las condiciones en que se encuentra actualmente nuestro país; debemos revisar la historia y preguntarnos por lo acontecido hasta hoy, evaluar el pasado, reflexionar sobre el presente y hacer proyecciones a futuro.<br />
Independencia, paz, justicia social, inclusión y oportunidades de desarrollo, son conceptos que aún no se realizan del todo en nuestra Nación, por lo que, aquel gesto independentista, aún debe mover a los salvadoreños hacia la acción por construir el país que queremos; y aquel proceso plural, en el que convergieron diversos sectores de la sociedad, debería encontrar continuidad en la sociedad de hoy.<br />
Debemos también, buscar los caminos que nos conduzcan a identificar nuestras raíces, nuestra historia y nuestra identidad. De esa manera, podremos responder a interrogantes que tienen que ver con nuestra idiosincrasia, nuestro ser social e incluso nuestra espiritualidad, tales como;<br />
1.	¿Qué significa ser salvadoreño?<br />
2.	¿Es igual ser salvadoreño que sentirlo?<br />
3.	¿Por qué hay quienes no se sienten salvadoreños?<br />
4.	¿Qué hay aún en nuestra religiosidad de la cosmogonía de nuestros ancestros?<br />
Nuestras generaciones, sobre todo nuestros jóvenes, tan amenazados hoy por la violencia, y oscurecidos sus días por la permanente amenaza de muerte, deben analizar el hecho histórico del Bicentenario desde una perspectiva actual; no como una &#8220;tarea&#8221; escolar, sino a la luz de nuestra realidad, para encontrar los aspectos en los cuales nuestro país aún padece las carencias de antaño, para así poder superarlas.<br />
En ese sentido, debemos reflexionar con seriedad sobre algunos valores como la pertenencia y la solidaridad, por ejemplo, y abordar temas como la inmigración, la cultura y la diversidad, para así, al mirar el pasado que nos constituye desde el presente que habitamos, las preguntas a la historia sean también las que nos preocupan en el presente.<br />
Hay que pensar en aquel acontecimiento, base de nuestra nacionalidad, con un sentido crítico, y sobre todo, hay que repensar a nuestro El Salvador, para construirlo a semejanza de nuestros anhelos.<br />
Que este acto sea ecuménico, es ya una buena señal; porque muestra una positiva voluntad por unificar esfuerzos y pensamientos, alrededor de una historia común y, espero, de un futuro que también construiremos entre todos<br />
Por eso, más que una celebración, este evento debe ser, en medio de las incertidumbres y la realidad que nos preocupa, un compromiso con la historia de nuestro país y un impulso enérgico hacia la construcción de ciudadanía e identidad.<br />
Que Dios Bendiga Nuestra Nación, El Salvador ¡ ¡ ¡AMEN!!!<br />
<a href="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/10/images.jpg"><img src="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/10/images.jpg" alt="" title="El Salvador del Mundo" width="267" height="189" class="aligncenter size-full wp-image-279" /></a></p>
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		<title>Las sectas no construyen democracia</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Oct 2011 16:16:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: Carlos H. Rivas Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI La democracia salvadoreña, constitucionalmente, es representativa, y esa representatividad se sostiene sobre la existencia de los partidos políticos. Estos tienen un papel fundamental en la dinámica política y social salvadoreña. Creados bajo el supuesto de que su función es contribuir democráticamente a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Carlos H. Rivas<br />
Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI</p>
<p>La democracia salvadoreña, constitucionalmente, es representativa, y esa representatividad se sostiene sobre la existencia de los partidos políticos. Estos tienen un papel fundamental en la dinámica política y social salvadoreña.<br />
Creados bajo el supuesto de que su función es contribuir democráticamente a la determinación de las políticas nacionales y la formación y orientación de la voluntad de los ciudadanos, deben promover la participación de la ciudadanía en las instituciones representativas a través de la formulación de programas, presentación y apoyo de candidatos en las elecciones.<br />
Además, en un país como El Salvador, regido por un Estado de derecho, estos institutos políticos deberían ser expresión del pluralismo y de la voluntad popular. Por lo tanto, la creación y el ejercicio de la actividad de los partidos políticos deben producirse en un marco de libertad, y su estructura y funcionamiento deben ser democráticos.<br />
Eso dice la teoría. Pero, ¿es así en la práctica? ¿Son los partidos políticos salvadoreños instituciones democráticas? Parece ser que no. Si bien son parte y expresión de la democracia, los partidos en sí mismos no son democráticos. Esta paradoja acompaña nuestro sistema de partidos: queremos construir democracia a partir de instituciones poco democráticas.<br />
La actuación de las cúpulas partidarias, ha restado credibilidad a estas instituciones; bajo el caudillismo, la extrema ideologización o la falta de ética, se muestran más que como una entidad democrática, como espacios cerrados en los que la verticalidad y la imposición de las cúpulas dominan su vida interna e imponen sus intereses a la membresía.<br />
De tal manera, que las instituciones que deberían ser expresión de democracia en El Salvador son cada vez menos democráticas y más cerradas. En la búsqueda de cargos públicos, las dirigencias se montan en una rueda de caballitos y, prácticamente, obligan a sus correligionarios a elegir a quienes imponen, sin darle espacios para la reflexión y la opinión.<br />
La cúpula tiene siempre la razón, la cúpula es inamovible, la cúpula es un pequeño dios que truena y lanza rayos contra aquellos que no están de acuerdo con sus infalibles designios. Es decir: las cúpulas han terminado convirtiendo a los partidos políticos en verdaderas sectas, y además, en sectas destructivas del espíritu democrático que deberían promover y sustentar.<br />
Como tales sectas, las cúpulas, sobre todo de los partidos mayoritarios, someten a sus miembros a enseñanzas que terminan convirtiéndose en doctrinas dogmáticas de uno o más líderes que, además, detentan todo el poder de la organización y actúan a su antojo mediante la manipulación y las amenazas, las “purgas” internas y la descalificación.<br />
Por lo general, por mucho que algunos dirigentes se vanaglorien públicamente de ser democráticos, tienen una vida interna cerrada e impositiva. Incluso en esa aparente declaración de democracia, se refleja el actuar sectario. Pues resulta que, tal declaración, como en las más clásicas sectas, sólo significa que únicamente “mi” partido es democrático, los otros, son los herejes de la política, los trásfugas de la verdad, los equivocados.<br />
Con esa actitud se han convertido, ante los ojos de la ciudadanía, en un obstáculo para el desarrollo de la misma. Sin embargo, la obvia necesidad de estos institutos para la democracia salvadoreña –frágil y estructuralmente desgarrada–, es razón suficiente para que las bases, ya que las cúpulas no muestran interés en ello, promuevan al interior de los partidos políticos una verdadera democracia, que los fortalezca y les permita asumir el papel que la constitución les asigna como instrumentos, no como un poder que se maneja cual si fuera un órgano del Estado.<br />
Solo así, a partir de instituciones verdaderamente democráticas, podremos construir democracia.<br />
<a href="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/banderitas-y-yo-y-ESA-copy.jpg"><img src="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/banderitas-y-yo-y-ESA-copy.jpg" alt="" title="Banderas Politicas" width="570" height="129" class="aligncenter size-full wp-image-262" /></a></p>
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		<title>Un esfuerzo nacional por la vida</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 15:45:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: Carlos H. Rivas Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI Se ha dicho, pero es conveniente repetirlo, que el fenómeno de la violencia en nuestro país, en todas sus expresiones, es un problema que tiene causas estructurales, y por lo tanto, su respuesta ha de ser también estructural. Sólo quien no quiere ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Carlos H. Rivas<br />
Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI</p>
<p>Se ha dicho, pero es conveniente repetirlo, que el fenómeno de la violencia en nuestro país, en todas sus expresiones, es un problema que tiene causas estructurales, y por lo tanto, su respuesta ha de ser también estructural.<br />
Sólo quien no quiere ver la realidad, o la mira con los lentes egoístas de su propio interés, no acepta que las raíces de la inseguridad que está cobrando la vida de nuestros jóvenes, acosando los centros escolares, amenazando profesores, causando 12 muertos diarios y afectado 300 escuelas, se encuentran en la deteriorada estructura social.<br />
Una sociedad permisiva de la impunidad y la corrupción, sobre todo ante los “delitos de cuello blanco”, lógicamente crea condiciones para que se desarrolle la delincuencia, tanto a nivel del crimen común como del organizado.<br />
La impunidad campea en todos lados: en la calle, en la escuela, en las colonias, en las casas, en la escuela; además, son cada vez más las armas que circulan en el país, en manos de la sociedad civil. Lo que podría parecer una necesidad defensiva del ciudadano, en realidad se ha convertido en una razón más de violencia, y un círculo vicioso que genera más muerte. Políticas de desarme, vedas de armas y otras campañas similares no han sido efectivas.<br />
Al contrario, y paradójicamente, más efectiva ha sido la legitimación de la cultura de la violencia, que desde los medios de comunicación, se proyecta hacia los niños y jóvenes de todas las capas sociales. En el hogar, las calles, los centros de trabajo y educativos, la violencia estalla de pronto, como respuesta de los espíritus que no encuentran, ante la situación, más respuesta que la violencia misma. Nuestra sociedad, minada por el odio, ha dejado el amor a nuestro semejante a un lado.<br />
Desde los Acuerdos de Paz, no han surgido nuevas generaciones de líderes ajenos a la polarización que nos heredara la guerra. Los liderazgos, sobre todo expresados en los partidos políticos, han sido mal ejemplo para las generaciones actuales. Y ante la ausencia de referentes positivos, nuestra juventud camina por rumbos inciertos; más aún por la desintegración familiar que mina desde su raíz la cohesión social.<br />
Y es que la desintegración familiar es causa y efecto de la violencia. El descuido de la familia, base fundamental de toda sociedad, es uno de nuestros males. El Estado debe trabajar más en atención a la familia y los valores familiares, desde el hogar construir solidaridad, desde la escuela conculcar valores que permitan construir hogares sólidos y unidos.<br />
Esas tres condiciones, que no agotan las causas de la violencia, han de ser erradicadas, si queremos un país en paz y una juventud que se desarrolle y eduque en un marco de seguridad, no sólo física, sino también nutricia y económica.<br />
Para hacerlo, en lo que se refiere al ámbito educativo, que como miembro del Consejo Nacional de Educación tengo especial interés, es impostergable superar el débil sistema educativo que “deforma” una juventud alucinada por el consumismo y la educación bancaria; y que, desfasado y erigido sobre la casi total ausencia de valores humanos positivos, ha venido produciendo ciudadanos cada vez menos interesados por el bienestar común y mentalizados para la posesión de bienes materiales, y la satisfacción de los propios intereses.<br />
Ya no más esa situación. Si de verdad queremos salir del círculo de violencia, hemos de definir a la inseguridad como un problema nacional. Hasta el momento, hemos enfrentado la violencia desde perspectivas punitivas y legales, de prevención en el mejor de los casos, pero poca atención hemos puesto a un elemento esencial para la formación de una cultura de paz que se base en el respeto a la vida: la educación de nuestros hijos e hijas. Y menos nos esforzamos por comprender que todos somos víctimas de la violencia.<br />
Pero, para lograr que nuestro país sobreviva y no muera ahogado en el mar tempestuoso de la violencia, es necesario un profundo cambio en la estructura de nuestra sociedad; asumiendo como Nación una visión de futuro; haciendo un verdadero frente común contra la delincuencia, dejando a un lado diferencias políticas, económicas, de credo o académicas, para impulsar un verdadero esfuerzo nacional en contra de la violencia y a favor de la paz.<br />
<a href="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/escuelas.jpg"><img src="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/escuelas.jpg" alt="" title="escuelas" width="275" height="183" class="aligncenter size-full wp-image-254" /></a></p>
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		<title>“Tenemos más vida que ellos”</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 17:20:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: Carlos H. Rivas Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI. “El país se está convirtiendo en un inmenso cadáver de 21 mil kilómetros cuadrados”, fue la apreciación de un amigo “hermano lejano” a quien pregunté cómo veía la situación de violencia en nuestro El Salvador. Aunque hiperbólica, la opinión no está lejos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: Carlos H. Rivas<br />
Pastor General del Tabernáculo de Avivamiento Internacional, TAI.</p>
<p>“El país se está convirtiendo en un inmenso cadáver de 21 mil kilómetros cuadrados”, fue la apreciación de un amigo “hermano lejano” a quien pregunté cómo veía la situación de violencia en nuestro El Salvador.</p>
<p>Aunque hiperbólica, la opinión no está lejos de la realidad que vivimos las y los salvadoreños actualmente, y me trajo a la memoria un texto de lo mejor de nuestra literatura, alrededor del cual quiero compartir algunas reflexiones, al margen de las duras cifras que sobre la violencia nos inundan y golpean a diario.<br />
En su poema “Todos”, el poeta Dalton asegura que “Todos nacimos medio muertos en 1932 / sobrevivimos pero medio vivos”. Es un hecho que nuestra historia, violenta y violentada desde la época del descubrimiento y la conquista, fue marcada por los acontecimientos de la tercera década del siglo pasado, y agudizó la problemática de la violencia.<br />
La expresión de esta, se reflejó sobre todo en el ámbito político. Desde la caída del martinato, gracias al concurso sin precedentes (y sin poscedentes) de todos los sectores de la sociedad salvadoreña en 1944, los golpes de estado se convirtieron en una constante de nuestra historia, la represión en contra de las aspiraciones de la mayoría se volvieron instrumento de los sucesivos gobiernos y la juventud, como hoy, se convirtió en victima propiciatoria.<br />
Sin embargo, o por eso mismo, el pueblo “medio muerto” tuvo que lanzarse a una guerra –de liberación para unos, fratricida para otros y estúpida y ciega para tantos–, que se resolvió con otro acto de voluntad de la sociedad, los Acuerdos de Paz, que pusieron fin a la represión violenta… Pero no así, a las condiciones que propician la violencia y la muerte.<br />
Nuestra deteriorada estructura social, se continuó caracterizando por la marginación y la exclusión, la falta de valores, el desfasado sistema educativo, la impunidad y la corrupción, más la falta de oportunidades y empleo para los jóvenes, y el pueblo en general, que le permitan  hacer realidad la movilidad social y la superación de las precarias condiciones económicas.<br />
En el mundo globalizado que vivimos, esas condiciones aunadas a la también globalización del crimen organizado y el narcotráfico, han puesto a nuestro país ante una de las encrucijadas más complejas y dramáticas de nuestra historia: la muerte de nuestra juventud o la superación de esta situación de muerte con la certeza de que, ante los nuevos protagonistas de la violencia que está cobrando la vida de cientos de jóvenes estudiantes, “todos juntos/tenemos más muerte que ellos/pero todos juntos/tenemos más vida que ellos”, como también lo dice Dalton.<br />
Estamos, pues, ante una situación que demanda de los salvadoreños de todos los estratos sociales, una nueva forma de enfrentar la realidad de inseguridad que se encuentra enquistada incluso en el hogar y, dolorosamente, en el ámbito escolar. Esa nueva forma de enfrentar los males que nos aquejan, pasa por tomar conciencia de la imperiosa necesidad de combatir la violencia “todos juntos”.<br />
Si continuamos separados, velando cada quien por sus propios intereses, es seguro que nuestras vidas seguirán estando “medio muertas”, y completamente muertos nuestros hijos e hijas. Y, El Salvador, tal como lo expresara el “hermano lejano” citado al inicio, terminará siendo un cadáver, sin esperanza ni futuro.<br />
A menos… que quienes lo vuelvan a la vida, seamos todos los hombres y mujeres interesados por la paz, la seguridad, el bienestar y la educación de la sociedad. Esa es intención de la Consulta Nacional “Educación para un país sin violencia”, que el Consejo Nacional de Educación desarrolla con diversos sectores de la sociedad: ese cadáver, solo podrá volver a la vida si todos acudimos en su ayuda… <a href="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/monumento.jpg"><img src="http://www.tabernaculodeavivamiento.org/carlosrivas/wp-content/uploads/2011/09/monumento-300x215.jpg" alt="Monumento" title="Hermano Lejano" width="300" height="215" class="aligncenter size-medium wp-image-235" /></a></p>
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		<title>Transformación educativa ante la violencia</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jul 2011 20:42:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Oscar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El horrendo e incomprensible asesinato de Facundo Cabral, aunque ocurrida en la hermana Guatemala, es una campanada más de alerta sobre el destino que espera a El Salvador, de no detener una situación que, además de sus expresiones visibles en la muerte diaria de nuestros niños y jóvenes, se está desarrollando subterráneamente ante la vista, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El horrendo e incomprensible asesinato de Facundo Cabral, aunque ocurrida en la hermana Guatemala, es una campanada más de alerta sobre el destino que espera a El Salvador, de no detener una situación que, además de sus expresiones visibles en la muerte diaria de nuestros niños y jóvenes, se está desarrollando subterráneamente ante la vista, si no indiferente, impotente de la sociedad.<br />
El crimen organizado y el narcotráfico, son responsables directos de aquella muerte, los “autores materiales”, pero tras ellos se encuentra también la autoría intelectual que corresponde a una sociedad que, luego de dos siglos de vida “independiente”, depende de los vicios hoy globalizados de un capitalismo vulgarmente materialista, lanza a nuestros niños y jóvenes a la competencia individualista y amoral por la conquista de triunfos artificiales, basados en el consumismo y la preponderancia de la posesión egoísta, que arrasa con todo valor positivo del ser y lo despoja de sentimientos de solidaridad y amor hacia su prójimo.<br />
Esto tiene que ver con la educación y formación de nuestra sociedad. Somos lo que somos, en gran medida, como resultado del sistema educativo que, desfasado y erigido sobre la casi total ausencia de valores humanos positivos, ha venido produciendo ciudadanos cada vez menos interesados por el bienestar común y mentalizados para la posesión de bienes materiales, y la satisfacción de los propios intereses.<br />
Hasta el momento, hemos enfrentado el problema de la violencia desde perspectivas punitivas y legales, de prevención en el mejor de los casos, pero poca atención hemos puesto a un elemento esencial para la formación de una cultura de paz que se base en el respeto a la vida: la educación de nuestros hijos e hijas.<br />
Muestra de esa falta de atención a tan importante factor de desarrollo social, es la indiferencia generalizada, cuando no oposición por motivos puramente ideológicos,  de los esfuerzos que el Ministerio de Educación, con todo y las deficiencias que se le pueden señalar, realiza para llevar a cabo una necesaria transformación de nuestro sistema educativo.<br />
Mismo que, de acuerdo a lo planteado en el Programa Social Educativo “Vamos a la Escuela”, debe desarrollarse “en un marco de auténtico sentido humano [...], un fuerte componente de formación humanística, con el cual se asegure que todo salvadoreño reciba en la escuela una suficiente y adecuada formación que le proporcione los elementos necesarios para cultivar sus necesidades espirituales más íntimas…”<br />
Un planteamiento como ese, debe ser tomado en cuenta a la hora de buscar solución al fenómeno de la violencia, y la sociedad en su conjunto debería comprometerse con el impulso de una trasformación educativa que nos garantice, a futuro, una sociedad más humana, llena de fe y esperanza en la que se deje atrás la violencia, la desigualdad, el egoísmo y la adoración insana del dios dinero.<br />
Y es que, precisamente por el consumismo y la falta de valores del mundo en el que actualmente vivimos, el arte, el pensamiento, la solidaridad, el amor, la justicia y la paz, conceptos muy ligados a Jesucristo, no encuentran abrigo en el corazón de los individuos, y quienes, como Cabral, dedican su vida a esos valores, son excepciones: razón en un mundo irrazonable, luz en un mundo de tinieblas, espíritu en un mundo sin espíritu, música en un mundo de sordos, grito en un mundo de silenciosos.<br />
Pero, si como sociedad, colectivamente nos esforzamos porque nuestros niños y jóvenes reciban una educación adecuada, y coadyuvamos a construir un sistema educativo a la altura de los tiempos que corren y en consonancia con nuestra realidad, podremos formar ciudadanos razonables, claros, llenos de espíritu, sensibles y nunca más silenciosos.</p></blockquote>
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